Hace tiempo atrás trabajé en la Feria Pinto de Temuco, levantando sacos de 25 kilos, acarreando Javas de Cerveza (de hasta 12 javas por burrita, 112 kilos, llegué a tener tremendo físico), la pandemia y la poca y pobre oferta laboral en aquel momento de la historia de nuestro país llevó a este humilde periodista a trabajar al sector más popular de la capital regional.
No me arrepiento, si es que me lo preguntan, conocí a grandes amigos, aún tengo contacto con ellos, me cuentan sobre sus penurias, sus aventuras y sus certezas, así como sus preocupaciones.
Una historia, para contar y nunca olvidar, esta pequeña historia trata sobre roedores, de grandes roedores, al menos para mí. No voy a revelar el nombre del lugar donde estuve (porque estoy agradecido con ellos), sólo las personas que me conocieron en aquel año y en aquel lugar saben los horrores ratoniles que se viven en todo ese sector y a los cuales se deben enfrentar todos los días.
Uno podía entrar al local y, a través de la mascarilla, se podía sentir el hedor, muy fuerte, a roedores. Uno podía andar por las cercanías, por las calles de la Feria Pinto y era muy repetitivo, lea bien, repetitivo, encontrar ratones en los alrededores. (Mire la foto, de ese porte eran, parecían conejos).
Muchas veces en ese trabajo tuve que manipular productos con heces de roedores, de todo tipo, líquido, sólido, cuerpos en descomposición, era horrible. Y lo peor es que esos productos se vendían, la gente iba, los tocaba y estos productos se vendían, lo cual era horrible.
Yo, personalmente, nunca pude entender, como, ningún inspector municipal, ningún encargado de la seremi de salud, del trabajo o alguien relacionado al mundo público no fiscalizara esta situación. Miles y miles de temuquenses, de habitantes de esta región, de otras regiones incluso, asisten hasta el sector de Feria Pinto para comprar y se llevan todas esas mercaderías para sus casas infectadas con restos de roedores, con sus desperdicios, nunca lo entendí.
En un acto de ética profesional, humana, en un acto de valentía, enfrenté el problema, me dediqué exclusivamente a exterminar ratones, pequeños, grandes, medianos, no me importó, asesiné a todos los que pude, todo con el fin de que no se siguieran esparciendo. Mi esfuerzo fue visto por la jefatura, se lo tomaron enserio, tomaron conocimiento del problema y actuaron.
Sin embargo, las autoridades brillan por su ausencia. Las pasadas al menos, las actuales, no lo sé, ojalá que, por el amor a la vida (y a la salud de los habitantes de esta tierra), sí.









